La guerra entre Rusia y Ucrania ha transformado ciudades y pueblos del este del país en territorios donde la vida civil permanece atrapada entre el frente y el abandono. En las regiones de Kharkiv y Donbas, niños y personas vulnerables sobreviven rodeados de minas, artillería y el zumbido constante de drones FPV kamikaze, que recorren kilómetros más allá de la línea de combate, atacando vehículos y también a civiles. Muchos se niegan a abandonar sus hogares para no perder lo único que les queda, aprendiendo a convivir con la ansiedad, las explosiones y el miedo cotidiano.

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